Dragones y camisetas rosas

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Ser campeón de Europa no es nada sencillo, que se lo digan a un Real Madrid que aguardó su oportunidad de asaltar el cetro europeo doce temporadas. Muchos entradores, un gasto desorbitado en fichajes y varios presidentes buscaron su oportunidad, la cual llegó el pasado 24 de mayo, en un día histórico y glorioso en el que se consiguió La Décima, ante el eterno rival de la ciudad, el Atlético de Madrid, con un gol salvador de Ramos en el minuto 93, y con una auténtica exhibición de despliegue físico en la prórroga.

El equipo había encontrado por fin el tan ansiado equilibrio del que Ancelotti hablaba desde su aterrizaje en Madrid. El centro del campo se había convertido en bastión del juego blanco, con el sacrificio y el despliegue de Xabi, Modric y Di María, un tridente que había guiado al equipo a ganar Copa y Champions y pelear por la Liga hasta las últimas jornadas. Bien es cierto que Xabi no jugó la citada final, pero su aportación fue vital para llegar hasta ese ansiado momento, por no hablar de Di María, elegido mejor jugador de aquel partido, desequilibrante como siempre, con un rol más defensivo de lo normal, pero con el grado de oportunismo suficiente como para decantar el encuentro.

El Real Madrid había encontrado el equilibrio. Ancelotti tenía uno de los mejores equipos diseñados en la casa blanca de los últimos tiempos, pero la mercadotécnica apareció en escena. El equipo sólo necesitaba un par de retoques tras la conquista de La Décima, varias pinceladas para seguir el diseño de un plan genial, pero al gestor de todo esto le pareció oportuno realizar una revolución innecesaria, comenzando por la portería, con la salida de Diego López, continuando por la venta de su mejor jugador en la final de la Champions, Ángel Di María, y cerrando el círculo con la salida del brazo ejecutor sobre el terreno de juego de los planes de Ancelotti, Xabi Alonso. La revolución de la estrategia que cimentó el éxito que tanto se buscaba.

El club se restructuró  con la llegada de jóvenes con talentos como Kroos, James o Keylor Navas, jugadores que no cumplen, al menos por ahora, con el rol de su antecesores. El alemán, es el que mejor ha encajado en el equipo, pero no es Xabi. Su llegada estaba planteada para jugar al lado del sacrificado donostiarra, hábil en la salida y en el oportunismo defensivo, como se está demostrando desde que Pep le echara el guante para el Bayern. James no es Di María, ni tiene su desborde, ni su vitalidad, aunque el colombiano lo intente. Ha llegado para jugar de interior, y no lo es. Y qué decir de Keylor. Se intentó trasplantar el órgano que no funcionaba y el cirujano se equivocó en la operación. Y para cerrar el círculo de la nula planificación deportiva, la cesión de Chicharito. Sobre la bocina, siendo un jugador que es el descarte del séptimo equipo del a Premier, que apenas tenía minutos en su anterior equipo. Un movimiento sin sentido, pero que abre mercados. En México y en Colombia se venderán muchas camisetas, rosas y con dragones, esas que rompen con la historia de un club centenario.

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(Desajuste defensivo, acompañado de la falta de un mediocentro sacrificado)

El Real Madrid lo tenía todo y se ha quedado en nada. Una inmolación en toda regla, saneada con dinero. Está claro que Kroos, James y Navas acabarán funcionando, tienen calidad de sobra para ello, pero quizás no era lo esperado, ni lo necesario. Ancelotti se encuentra de nuevo con un equipo a medias de hacer, en el que quiere imponer el sistema táctico que le ‘funcionó’ (más resultado que juego) la temporada pasada, pero con estas piezas no sirve. El equipo está desquebrajado, no juega, ni tiene intención de hacerlo. Ahora Cristiano hace de Di María y nadie hace de Cristiano. Bale no localiza oportunidades, y la defensa se encuentra desvanecida del tercer central que siempre estaba ahí para echar una mano, con un portero blando, ante el que todo disparo entre los tres palos es ocasión clara de peligro (siete tiros a puerta en los últimos dos partidos de liga y seis goles encajados).

El equipo ahora busca excusas, pero los responsables del desaguisado no son capaces de asumir su parte de culpa, salir a la palestra y reconocer que el verano de 2014 ha sido la clara definición de autodestrucción.

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Christian Díez Torralba

Christian Díez Torralba. Nacido en 1987, estudié periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, para posteriormente especializarme en el mundo del periodismo deportivo en la Universidad Internacional de Valencia. He trabajado en medios como Eurosport, Goal, Defensa Central, Madrid-Barcelona o Sphera Sports entre otros. Ahora busco nuevos proyectos.